lunes, febrero 27, 2006

arboledad 4

Aquel día, despues de la tormenta, el campo amaneció mustio. La hierba no estaba peinada en ninguna dirección. Los gitanos cambiaban los carretos de sitios, para intentan salir de la inundacion. La fogata ni humo echaba yá. Mis primos y yo nos acercamos al río, a los caballos les dimos agua; nosotros comimos nabos. Y nos acercamos al arbol en el que el día anterior quisimos empezar la cabaña. La tormenta le había arrancado justamente la rama base, la principal para poder hacer un hogar en altura. Si, un rayo había caído la noche anterior. Lo miramos consternados, alucinados de como un rayo (con todos los que hay) había ido a parar a ese arbol(con todos los que hay). Me quedé sin casa, sin arbol, sin...30 años despues lo ví claro. Era el tiempo del destete,del hacerse mayores; de no perturbar la memoria de los muertos, de implicarse con los vivos. Aquel árbol, habia muerto, dejando sus raíces alimentando el resto del bosque. Algo no funcionaba bién; algo parecido a un dolor de cabeza se había instalado entre algun hueso mío. Algo parecido a una tienda de campaña se había instalado en mi edificio interior. De repente, mis musculos pesaban más, mil lágrimas olían. Miré al cielo, miré su sol rojo y el árbol caído, pues árbol ya no se le podía considerar. Volví a casa desconcertado, sin pasar por el bosque que me quería coger todas las noches. Volví al calor de la família, lleno de moraduras y arañazos. Y aquella noche cené rico y caliente, como todas las demás noches. Y dejé de soñar para ser feliz; deje la aventura pospuesta para otro día, para mañana quizás.