viernes, marzo 03, 2006

desarbolado


En la hora nona, mientras los gatos se suben por las paredes, pido una certeza que me emocione. Es la única manera de ver las cosas claras. Allí estaré esperando una sonrisa -no sin miedo-, una cara amiga que llevarme a la lengua. Un pecado sin más para este mundo que arruina cualquier alma despistada. A la hora nona, incluso antes, los amantes y los gatos se calientan bajo la estufa de butano; se miran, ridículos, ensimismados los ojos, nerviositos, borrando pecados inconfesables. Los corazones se desatan, se deslatan, comprueban las fechas de caducidad. Todo por un perdón que llevarse a la cama; todo por una risa por una brisa. Cuando los gatos se acicalan el bigote, le espuma de la certeza se corre entre labios toscos que han olvidado su sabor. Y todo por una sonrisa.

arbolita dijo:


No debería y sin embargo… me callo… y espero… ¿y tú?

¿Árbol, dónde? ¿nuestro escondite, cuál?

Dafne, nombre que en griego significa laurel, era una ninfa hija del dios-río Peneo que transcurre por la región de Tesalia. El dios Apolo amaba a Dafne con una gran pasión pero la ninfa no le correspondía y le esquivaba. En una ocasión Apolo perseguía a Dafne y ésta huía hacia las montañas para evitarlo. Cuando el dios estaba a punto de alcanzarla, la joven dirigió una plegaria a su padre o bien a Zeus , suplicándole que la metamorfoseara para poder escapar al asedio del dios. Su petición fue escuchada y concedida, y al momento la joven comenzó a transformarse en un laurel. De sus pies iban saliendo raíces y sus extremidades se convertían en frondosas ramas del árbol que desde ese momento fue el consagrado al dios Apolo y pasó a representarlo.