martes, febrero 28, 2006

Por si sirve, por si alivia, arboledad 5 bis

Habéis estando escuchando el adagio de la 7 sinfonía de Beethoven. Creo que Ludwig reflejó la muerte aquí. Acababa de perder el oído cuando lo escribió. Y muchas veces me he preguntado si eso no le ayudaría a sintonizar con el silencio final del más allá. A propósito de esto. Antes de que se me olvide... ¿por qué sentimos la necesidad de poseer aquello que amamos? ¿y por qué nos volvemos gilipollas cuando lo hacemos? Todos hemos pasado por esto. Quieres algo, lo posees, y a través de su posesión, lo pierdes. Consigues a la chica de tus sueños, y lo primero que haces es tratar de cambiarla. Eso que se hace en el pelo, la ropa que lleva, la manera de mascar chicle. Y antes de que te dés cuenta, lo que te gustaba, lo que has cambiado, lo que no te gusta... todo desaparece, como los copos de nieve en el viento...

Cita transcrita o recopilada de las "Obras completas de Chris de la Mañana en la K-OSO", Doctor en Alaska, ¿te suena?

NOTA: ¿Y quién es Chris en la serie? Chris Stevens (Interpretado por John Corbett / Doblado al castellano por Ángel Quislán) es un cator, pero es más conocido por su programa en la K-OSO "Chris por la mañana", Stevens, en Doctor en Alaska. Es un ex-convicto de West Virginia. Él, con sus citas e inspirados comentarios, no solamente toma el pulso cultural y artístico de Cicely y lo enriquece con sus actos y frecuentes "performances", como aquel lanzamiento en catapulta de un piano chamuscado, sino que también es el consejero espiritual de los vecinos e incluso oficia como sacerdote en ceremonias religiosas, título que obtuvo gracias a un anuncio en la Rolling Stone...

Y yo me pregunto ---mientras vuelvo a ponerme la cabeza a rosas para ser otra que esta que se entristece no tiene muy buena prensa--- que qué personaje somos nosotros, ahora, que es más famoso el que estamos interpretando superestar en la pantalla de la red más universal que visita unos y visitan otros más que nosotros mismos... ¿y qué quedó del que éramos, que se ha quedado calladito calladito que es una pena... o calado de tanto llorar, llorara y llorar. Pues bien, lo razonable es que ahora se seque tanto lloro, pero no demasiado que se deshidrata, ¿vale?

arboledad 5: isla.reuma

Acetona. Olor de acetona de los dulces comidos en mi último fin de semana. Ultimo, palabra que sabe ha menosprecio: para lo bueno y lo malo; lo último da rabia. Es como que...¡que haces después. Me abro y me abrazo en un último intento de retener, de guardar, de coleccionar. Todo en pos de una vida mejor. Camino en tumulto, solo -mas que la una-, miro noticias, leo libros de bibliotecas que no me pertenecen. Aviso al jefe y le digo que por favor que me dé trabajo, que lo necesito, que lo quiero, que me hace bién, que tengo que pagar muchos pisos. Edificios construidos, algunos ya derruidos, otros en proyecto. Hipotecado por el miedo, transformado en una vida loca, loca, loca, como la canción. Busco habitación con vistas al mar de la calma; encuentro lugares apestados a vida. Palacios de Reyes convertidos en calabozos. Busco adhesiones a la vida, Battiato, y lloro otra vez las penas lloradas, como una condena infinita. Y el olor de acetona me dice ¡tu estas vivo?. y despues como una salvación llega una diarrea insufrible que deja limpio el cuerpo. Acetona e internet de barrio.
Silbo en la calle, mientras el juez espera una llamada ¿dónde estas bonito?. ¡Ya sabes que tienes que estar por mi!¡no seas malo, malito, que te meto un paquete!
Acetona y justicia infinita para todos, para que vivamos en paz (¡como si el ser bueno nos librara de nuestro final. como si el ser bueno nos hiciera perder nuestro boleto al más allá)
Silbo y silbo, preparo curriculums; pero está todo ocupado. Sí, cae la nieve en toda Irlanda y languidamente cae sobre todos los vivos y los muertos. Y Godot no aparece y me desespero.
¿vida loca, muerte infame? ¡Oiga, que ya no estoy para esos trotes! Que resulta que para una vida tranquila hay que currarselo, que lo normal es el stress de poca monta, o sea, por nada.
¿y que fué de aquella isla?, sus arboles, alineados, en fila india; ocupando el mínimo espacio. Eran parte de mis escenografía infantil, era lo que veía cada mañana al levantar los ojos, lo que miraba con poca ilusión, condenado a una eternidad convexa. Y entonces el bossque se hizo muro y perdí la posibilidad de poner pie en tierra. Ya no colonizo nada excepto estas botas que me sustentan, que me susurran: ¡hola bonito, donde andas, que haces, que dices, que miras...¿Que qué que todo me perturba? ¡contesta! Y la respuesta se hace dificil.
He vuelto ha dejar abandonada mi persona mas que-herida, me duele, me hace mas pequeño; ¡y por eso silbo! Y por eso arranco mi furia, espero mi turno, adorno mi espejo, lo lleno de cosas, ¡y mi aura se queja! que no le dejo espacio, que no estoy por él...y yo, que me gusta quedar bién con todo el mundo...que hartito estoy de ese olor, y de ese color y de ese dolor.
Vuelvo a la ventana de la habitacion que nunca fué mía; me asomo y miro de nuevo los arboles alineados. Me hice grande y ellos chicos. Cuando mi tormento acabe, ellos quizá ya hallan muerto. Posiblemente no quede ni la ventana.
Cuando se huye de un sitio, no pasa nada pués siempre hay alguien al acecho. El dolor es volver, y ver. Claro que el llanto limpia, y el amor con otro amor redondea las esquinas; pero el dolor nunca se olvida.
Me duele el coxis en el alma, y la recuperación es tan lenta como mi manera de pensar. Tengo los huesos calados de orgullo, las raices rotas, sin tierra profunda en la que callar. El bosque va a la deriva, sin nube, sin viento.