"No te sientes a preguntarte por qué", canta Bob Dylan.

Ahora varios estudiosos le dan la razón. Por ejemplo, uno de la universidad de Texas, que pidió a dos grupos de personas que valoraran cómo les iba con su pareja. A unos les animaron a pensar una lista de pros y contras y que luego puntualizaran la relación; a los otros simplemente les pidieron que puntuaran su relación sólo a partir de su primera impresión.
Los que valoraron sólo según la primera impresión son los que acertaron. Según la conclusión de los autores "demasiado análisis puede confundir a la gente sobre lo que sienten. Intentar explicar lo inexplicable nos lleva a que se separe el agua del mar y que aparezcan nuestros entimienos ocultos como pececitos saltando". Es una metáfora complicada, pero se entiende.
Además, el autoanálisis es especialmenbte malo si nos sentimos deprimidos. Según Susan Nolen-Hoeksma, de la Universidad de Yale, rumiar sobre los problemas que uno tiene cuando está triste empeorá las cosas.
Como soluciones, los psicólogos recurren a Aristóteles, que decía: "llegamos a ser justos mediante la práctica de actos justos, a dominarnos mediante el ejercicio del autocontrol y valientes mediante actos de valentía". Así, si nos disgusta algo de nuestra vida la solución no es sentarse a preguntarnos cómo deberíamos ser, sino ponernos manos a la obra.
En otro estudio -y ya es el último- se dio la posibilidad a los participantes de hacer una buena acción. Al acabar la mayoría se consideraba mejor persona; a menos que se les preguntara por qué habían hecho esa buena acción. La conclusión certera, del psicólogo Timothy D.Wilson es: El truco es salir de nuestra rutina y ser buenos con los demás sin pensar mucho en por qué lo hacemos. Nuestra bondad nos hará más felices".
Está bien que la ciencia confirme cosas simples y bonitas.

